El artista Francis Alÿs convocó a 500 personas para mover una montaña.
El esfuerzo desproporcionado de los voluntarios y sus palas desplazó la duna solo diez centímetros.
El resultado era lo de menos.
Lo importante fue la experiencia que se generó a través de la acción colectiva.
La obra duró un solo día, pero su historia aún perdura.